(Ficción) Tomó el teléfono, escribió el mensaje, lo releyó unas cuantas veces y cuando estaba seguro de que eso era exactamente lo que quería decir, presionó suprimir y puso el fútbol. Era como entrar en trance. Él se ahogaba de fútbol, 90 minutos después había olvidado si había enviado el mensaje o no, pero en cualquier caso no lo volvería a escribir, además, el juego le recordaba sus años jóvenes, cuando él estaba en la cancha, lo admiraban y la vida era sencilla, recordaba esa sensación de valor y omnipotencia que solo se tiene a los veinte y estando en la universidad. En ese momento, durante el trance, no sentía ni ganas ni desamor, no se preguntaba porque las mujeres querían siempre más y porque la de él, en específico, era la más complicada del planeta, la que quería, siempre, un poquito más que el resto, o al menos, más que todas las anteriores con las que él había salido alguna vez. Pasaron los días y él siguió escribiendo y suprimiendo mensajes, olvidaba entonces l...
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